La obesidad en el deporte: el sumo

12 noviembre 2008 – 12:24 – No hay Comentarios
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Competidor de sumoEl sedentarismo en los países desarrollados se ha producido de forma paralela y, en múltiples casos, debido a la urbanización, generando así un mayor grado de obesidad en la población. La inactividad física, tan presente en nuestros días en muchos sectores de la sociedad, pone en riesgo nuestra salud al predisponernos a enfermedades cardiovasculares y otras series de alteraciones metabólicas y osteomusculares. La combinación de dieta y ejercicio acelera y/o aumenta la pérdida de grasa y preserva o aumenta la masa magra.

Ciertos estudios aseguran que para lograr beneficios, la actividad física debiera generar al menos un gasto energético adicional diario de 200 kcal. Existen algunos deportes que promueven el hecho de engordar para que se desarrolle de la mejor manera, es el caso del “Sumo”. Es sabido que cuanto más grande y orondo esté el luchador más asustará a su rival y mayor fuerza tendrá, aunque a veces sólo sea fachada. El luchador Kotonowaka, con sus 170 kilos de peso, era uno de los más laureados en este deporte, hasta que un joven luchador de 130 kilos logró vencerle, a lo que siguieron varias derrotas más. Su estado físico llegaba a ser preocupante, costándole hasta el hecho de respirar. Las autoridades deportivas tuvieron que intervenir para evitar muertes repentinas o desfallecimientos durante la práctica del deporte, dadas las características “especiales” de los pacientes, exigiendo a los luchadores un examen de grasa para evaluar su estado físico.

A partir de ese momento se ponía freno al descontrol sobre la salud de los luchadores y la desmedida necesidad por engordar, engordar y engordar. Se abría la idea de “ganar, pero con salud”. Un cambio significativo se produjo tras la llegada de luchadores hawaianos, que obligó al resto a ganar peso. Uno de los primeros fue el yokozuna Konishiki, que llegó a pesar 230 kg. Nadie con 120 kg hubiera podido moverle ni un centímetro de la arena. Sus contrincantes tuvieron que engordar. Retirado desde 1998, la salud actual del luchador hawaiano muestra los riesgos que asumen los sumotori en esta frenética carrera por ganar peso. A pesar de rondar los 40, su estado es el de un atleta de elite al menos 15 años mayor que él. En su historial médico se encuentran dolores de hombros y artritis aguda en las rodillas debido al sobrepeso.

Entre las muchas medidas que se tomaron, la dieta tomó un papel fundamental, reduciendo la ingesta de carne roja a dos o tres veces al mes, llevando a cabo una dieta rica en pescado, arroz y algo de pollo, prohibiendo expresamente los dulces y productos con azúcar. El ejercicio, por supuesto, se le recomendó pero guiado de manera suave dado su historial médico. Aún así, y mejorando todos sus parámetros de salud, la esperanza de vida de este luchador no estará lejana a la de cualquier otro luchador de sumo, probablemente no llegará a superar los 60 años.



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