Nuestra evolución hacia la obesidad

17 febrero 2011 – 8:00 – No hay Comentarios
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Como consecuencia de las necesarias adaptaciones de nuestros ancestros a los periodos de abundancia y escasez de alimentación y a los cambios en el tipo de alimentos que sucedieron a lo largo de millones de años de evolución, hemos heredado una particular condición metabólica que se denomina genotipo ahorrador.

Esta circunstancia permitió la supervivencia de nuestros antecesores en condiciones de penuria nutricional y, sobre todo, su adaptación a una dieta pobre en azúcares y rica en proteínas. También permitió dotarnos de una abundante reserva de grasa, desde la vida fetal hasta la edad adulta.

La presión de la selección natural por este genotipo se relajó tras la última glaciación y el comienzo de la agricultura y de la ganadería, de tal forma que, en los seres humanos, hoy este genotipo ahorrador está presente en proporciones diferentes según las circunstancias vividas por cada población en los últimos 15.000 años.

Se incrementó la prevalencia de este genotipo en las poblaciones que permanecieron aisladas y que nunca desarrollaron la agricultura, como los nauruanos o los indios Pima. En el resto de las poblaciones, como consecuencia del desarrollo de la agricultura, el genotipo ahorrador se diluyó en la población. Entre los europeos, su implantación se acerca al 40% de la población.

Hace poco más de 100 años, con la revolución industrial, nuestras condiciones de vida cambiaron drásticamente y nos alejamos definitivamente de nuestro diseño evolutivo; comenzamos a ingerir una alimentación muy rica en calorías, hiperproteica, abundante en grasas saturadas y en hidratos de carbono de absorción rápida, de elevado índice glucémico.

Además, el desarrollo de máquinas que facilitaban todas nuestras labores y de los vehículos que nos transportaban diariamente sin esfuerzo, redujo nuestro nivel de actividad física, dejó de costarnos esfuerzo conseguir nuestros alimentos.

En estas condiciones, el genotipo ahorrador, la insulinorresistencia y la leptinorresistencia, al someterse a unas condiciones muy alejadas del diseño para el que se desarrollaron, se convirtieron en promotoras de enfermedad y, en especial, acrecentaron nuestra tendencia a la obesidad.

Fuente: drgeorgeyr.blogspot.com

Imagen: commons.wikimedia.org



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